Acostumbradxs a la violencia

ARBOLEDA

Es complejo definir de manera acotada este concepto; para mí, la violencia viene engendrada con la injusticia y el poder, pero también con acciones cotidianas que nos llevan a desvalidar a otrxs y a naturalizar estas conductas, posicionando nuestros ideales desde una vereda superior, desde una profunda soberbia y egoísmo; desde el ego. Perpetuamos márgenes de “normalidad”, muchas veces moralistas, basados en cada grupo social al que pertenecemos, y que al igual que todos, se halla contaminado de enfermedades como la competitividad, el autoritarismo, la poca tolerancia a la diferencia y el machismo, entre otros.

Intento dirigirme a quienes se encuentran organizadxs, quienes participan de movimientos sumamente críticos, a quienes reflexionan, se detienen, y tienen un punto de vista sobre lo que nos pasa actualmente. Les digo: A mi parecer, hemos sido incapaces de desestabilizar el orden social y simbólico de género impuesto, de revolucionar las relaciones más cotidianas y a la vez profundas, de cuestionar el poder del sexismo presente en los espacios “autónomos”, de deconstruir una estructura milenaria basada en la violencia, y de proponer otras formas de vivir. Rechazamos las disidencias, nos asustan las diferencias, hemos dejado de re-conocernos. No tenemos un propósito colectivo para habitar la tierra, y cada día nos impacta menos la devastación medioambiental, el maltrato animal, nuestra alimentación, y las capacidades que se encuentran en algún lugar de nuestros cuerpoas. Así, todo se vuelve pasajero y efímero.

Por Tania Sandoval Silva
Publicado en la CAVILA N°28

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