La noche del silencio

PUEBLOS ORIGINARIOS

Un solitario peuco circundó displicente el frágil gallinero mientras, por mi parte, trataba de vadear una frontera de siglos. En la ruka del lago, clavada en medio de la noche, entre el humo del fogón y el aroma de los piures, nadie hablaba. Los mapuche miraban recelosos a aquel grupo de chilenos imberbes y éstos, a su vez, sonreían nerviosos mientras el ardor del caldo les quemaba el alma.Era un duelo de miradas donde en el fondo de aquellos ojos negros se vislumbraba un hualle, o, quizás, solamente se apreciaba la tristeza de la muerte temprana, aunque todos los jóvene, simultáneamente, creyeron ver también una colosal llama azul que invadió la penumbra y la transformó en una tormenta de luciérnagas.

Pero nadie hablaba y sólo se escuchaba el vuelo del peuco y los gritos angustiados de un polluelo perdido en la inmensidad del cielo. Porque los mapuche no eran chilenos y los chilenos sí eran mapuche, mas no se entendían y al peuco le daba exactamente lo mismo hasta el próximo vuelo en cualquier noche de silencio.

Por Rakiñ

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