Basuritas

NOCTÁMBULO

Quiero hablar de los restos orgánicos que suelen aparecer alrededor de nuestras ferias, mercados y subterráneos. Mucha papa, lechuga, plátanos y sandías se pueden encontrar una mañana de feria en un tramo de vereda de no más de 50 metros. Podríamos llamar desperdicios talentosos a estos pedacitos de materia sabrosa, ya que además de percoctar y parecer “basuritas”, también cumplen un rol sub-alimenticio de distintos personajes oriundos de estos lares.

Animales sonámbulos, gatos, guarenes, hallan aquí un banquete proteínico que difícilmente encontrarán en otro punto de la ciudad. De la basura filtran lo dulce, la masa de la papa, el jugo de la naranja, la anilina del perejil, y así se la llevan día tras día comiendo los restos que los feriantes han decidido entregar a las calles. Cultura de la solidaridad, es la que empapa mis visiones al transitar por estas callejuelas olor a fritanga y vino barato. Harto caro sale andar alimentando estas fierecillas si fueran de tu propiedad, pero al pertenecer a la urbe, deben soslayar la posibilidad de cazar (como en la selva), digerir al mejor postor o simplemente esperar el aventón de algún puesto de frutas que regale lo mejor de sí.

Para cualquier mortal este espectáculo de materia orgánica vegana, sería nada más que “basura” y hasta se sentiría con el divino derecho de exclamar “qué inmundicia la que habita estas calles patrimoniales”. Pero si nos detenemos un poco y logramos visualizar los distintos perfiles del caso, el otro lado animal nos susurra “bendito este manjar que yace a nuestros pies. Bon apetit”.

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Por Felipe Ugalde

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