La poesía como modo de vida

LITERADURA

La poesía es una manera de vivir, no la mera función de largar al mundo criaturas poéticas, dijo alguna vez Marechal; y eso es exactamente lo que viene haciendo Walter Lezcano desde la publicación de su primer libro de cuentos, Jada Fire, en 2011, a lo que rápidamente le siguieron otros títulos como la novela Los mantenidos, luego Calle, editada por Milena Cacerola en 2013, y el libro de poesía Humo, por nombrar algunos de los trabajos de este joven escritor nacido en Corrientes en 1979.

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Su incansable labor periodística lo ha llevado a colaborar en varios de los medios gráficos más importantes, como ser Radar de Página/12, la revista Rolling Stone, Inckorruptibles, Crisis, suplemento Cultura de Tiempo Argentino y el Bacanal, entre otros.

Walter Lezcano acaba de publicar “El condensador de flujo”, un libro de carácter existencial donde la cotidianeidad surge inaprensiva y frontal como pequeños instantes reunidos alrededor del tedio, el sexo, la amistad y el fantasma del fracaso como una mueca cínica asomándose a un costado del tiempo. “En mi caso, los libros de poesía surgen de un lugar medio enigmático e imprevisible”, dijo el escritor durante la entrevista a Télam. “En El condensador de flujo lo que quería era retratar ciertas experiencias con un lenguaje que no terminara de ser completamente accesible. Pero tampoco quería utilizar figuras retóricas que entorpecieran ese retrato. La pregunta sería, ¿cómo darle entidad y forma literaria a hechos rutinarios, y que tienden a pasar completamente desapercibidos, sin traicionar su esencia? Me di cuenta de que quise responder esa pregunta. Fracasé, por supuesto. Pero está bien que así sea. Porque la escritura lo que hace es impulsar cuestionamientos más que resolver dudas. La escritura literaria no debe cumplir nunca una función asistencialista.”

¿Qué zonas sentís que te permite explorar la poesía que no encontrás en otros géneros?
Lo que tiene que ver con el caos y el misterio que significa hacer el intento de reflejar algo intangible y, a veces, indescifrable. Por otra parte, hay una cosa aventurera, de una emoción muy privada e íntima, en el hecho de buscar palabras que sirvan para atrapar un momento. Condensar significado es un laburo muy complejo. Y a esta altura del almanaque, no está demás decirlo, la escritura de poesía es algo ingrato y atenta contra cualquier forma de confort. Me interesa ubicarme en esa zona de búsqueda. Por eso, también, los libros de poesía me salen muy cada tanto. Hay intensidades a las que conviene acercarse de forma espaciada y sabiendo los riesgos que se corre.

Entre tantos de los consejos magistrales de Rilke está ese famoso que dice: pregúntate en la hora más serena de la noche, ¿debo escribir? y si la respuesta es afirmativa entonces arma tu vida de acuerdo a eso. ¿Te hiciste esa pregunta alguna vez?
La verdad que sí, y agregaría algo a lo que dijo el bueno de Rilke. Porque la cuestión para mí no es tanto si debo o no escribir, sino preguntarme lo siguiente: ¿qué tipo de lenguaje es el que mejor me sirve para contar esto que quiero decir? ¿Con qué palabras me acerco a la verdad de mi texto? Ahí hay algo del orden de la desorientación y de la búsqueda en un espacio plagado de oscuridad y sin ninguna ayuda posible. Sos vos y el Word y nadie a quién pedirle un consejo. Lo tenés que encontrar solo. Como decía Bioy Casares: leer, escribir y pensar en lo que se escribe.

Sos escritor, periodista y docente, ¿de qué modo conviven todas estas actividades en vos?
Conviven de una manera un tanto complicada, y yo hago lo que puedo. Quiero decir, son tres cosas que amo hacer y son los modos que elegí de cómo habitar el planeta tierra. Pero en la vida real, esa de todos los días, los tiempos del reloj van marcándote a lo que tenés que prestarle atención y dónde estás en falta. Entonces, la entrega de una nota, la preparación de una clase y la escritura de un cuentito se superponen y piden atención sin que uno pueda hacer mucho para que las cosas se den de otro modo. Así que hay que elegir a qué ponerle fuerza, qué relegar y dónde canalizar mejor la energía. Y así se pasan los días. Eso sin contar que todavía no sé lo que es tener una cuenta de ahorro.

Cuando tenés que reseñar un libro que no te convence mucho ¿cómo abordás el trabajo?
Para el que sabe leer, incluso un mal texto siempre tiene algo para rescatar. Pero no en un sentido de beneficencia, sino en la manera en el que ese texto tiene algo para decirnos que hasta ese momento no habíamos advertido. Y también hay que ver qué tipo de lectura se hace y a qué tipo de estructura mental se está respondiendo. No es lo mismo ser un lector crítico o atento que ser un vigilante. Por ejemplo, por nombrar a alguien que me parece notable, Piglia es un lector atento y que establece relaciones impensadas en textos que ya son lugares comunes de nuestra literatura. Bueno, él encuentra ahí, en esos libros muy transitados, algo que no habíamos notado. Nunca es un lector “vigilante” en el sentido que le daba Foucault a esta palabra. Yo trato de ver de qué forma está construido un texto y trato en lo posible, además, de ver desde dónde puedo develar los hilos de su trama. Y después está la forma que hay de referir todo eso que leíste y el tiempo que hubo de pensar si realmente un texto fue comprendido. Y por otra parte, ¿cómo sabemos que realmente comprendimos el texto, cuánto tiempo hace falta para llegar a esa seguridad? Son cuestiones que muchas veces no se tienen en cuenta y habría que prestarles más atención. Es que a veces parece confundirse rigurosidad crítica con simple y desangelada opinión. Trato de moverme en sentido opuesto a ese. Es como le dijeron una vez a Bob Dylan: “recuerda, Bob, sin envidia, sin miedo y sin maldad.”

¿Estás escribiendo algo nuevo?
Estoy con tres cosas que me están volviendo loco: un ensayo y dos novelitas. El ensayo tiene que ver con Roberto Bolaño, entre otras cosas. Después, una de esas novelas que te dije, ya lo sé, me va a llevar mucho tiempo, años de búsqueda seria y endemoniada. La otra es más divertida y placentera: es una reescritura de un clásico argentino que siempre me gustó mucho. Vamos a ver qué pasa. El único plan que tengo, siempre, es terminar lo que se empieza. Deséame suerte.

Fuente: Agencia Télam

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