“Querido maestro”

OPINIÓN

Carta abierta a algunos de mis compañeros de gremio. Cada año en esta época algunos como yo resultan ser los más vilipendiados, sintiendo las miradas de reparo y los cuchicheos de alumnos, padres e incluso de algunos de ustedes producto de las reprobaciones de curso. Siempre dejo que los perros ladren, pero escribo especialmente para ti esta misiva confiando en aquello de que la pluma es más poderosa que la espada; esa con que muchos me quisieran malograr porque soy “la vieja ¡#%&*” que me dejó repitiendo”; como si fuera una especie de animal mitológico que puede decidir con levantar o bajar el pulgar quién pasa de curso y quién no.

Deseo reflexiones acerca de que incidir en la “evolución” de alguien que ha optado por la mediocridad implicará consecuencias (todas las causas las tienen): Construirá un puente que se caerá; recetará erróneamente un medicamento, mal interpretará un documento importante (total, le permitieron entender que no era esencial hacerlo BIEN). Lo peor es que le hará muy dura y triste la vida a alguien que probablemente nada tenga que ver con su bien alcanzada ineptitud. ¿Las causas? La (de)formación adquirida y de la que has participado: No sancionar sus fallas para evitarse líos (nos pagan poco para encima de aquello…) ¿Para qué adjudicarse más problemas cuando se pueden evitar haciéndoles la vista gorda?

Por eso a ti, que te hiciste el desentendido con un trabajo que el alumno te debía; que le “inflaste” notas para evitarte las poco educadas conversaciones son sus padres al “perjudicarlo”; o le diste más tiempo del justo para terminar un examen decisivo; o no estuviste bien preparado para enseñarle porque es probable que algo tengas que ver con el concepto de lo regular; a ti te transmito mi ferviente anhelo: Ojalá cuando en la vida, como resultado de su incompetencia probablemente encubierta por ti y otros, perjudique (mal señalado como “se cague”) a alguien, ese seas tú mismo; o uno de los tuyos (uno que por supuesto se lo merezca), y no uno de los míos, ni ajenos. Y en virtud de esa pírrica y falaz, y en realidad inexistente justicia, hoy le deseo mal a alguien: A ti. Y esta es mi primera vez.

Por Cinthia Vásquez

Publicado en Cavila 23

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