A propósito del ‘asesinato’ de Neruda

CRÓNICA

Claro, ahora que el poeta está muerto aparece en las páginas del Mercurio, en su revista de decoración y vivienda. Así es como nos han ido robando a Neruda, que cuando estuvo vivo jamás apareció en crónica mercurial alguna, salvo – quizás – cuando ganó el Premio Nobel de Literatura. Su nombre estaba prohibido y su comunismo era perseguido y combatido. Cuando la editorial que publicó “Alturas de Maccu Picchu” quiso pagar un aviso anunciando el libro, El Mercurio accedió pero con la condición de no colocar el nombre del autor. Su nombre estaba absolutamente prohibido en las prensas de Edwards.

Neruda-PicassoAhora lo ponen, pero para levantarle una falsa imagen. Porque mienten al decir en su revista que “el torreón y el comedor de la casa de Isla Negra fueron las primeras ampliaciones de esta casa que Neruda compró para escribir su Canto General”. Mentira descarada. El poeta empezó a escribir su obra cumbre escondido de la policía chilena, que en 1948, hace más de 60 años, era igual de brutal y resentida que hoy. Su libertad tenía precio. Quien lo cazara ganaría mucho. González Videla, una de las peores bestias que han pasado por La Moneda, decretó la ilegalidad de Neruda y su partido. Los perros tenían un hueso que buscar. En esa persecusión, el poeta escribió el Canto General en distintas ciudades de Chile y el mundo. Pero Edwards entierra esa historia y la cambia por la del escritor burgués que compra una casa para escribir su libro.

Los sabuesos de González Videla jamás encontraron al fugitivo. El poeta comunista apareció flamante en París, en medio de un discurso de Picasso, que hasta ese momento todavía lamentaba el destino del pueblo chileno con la desgraciada “ley maldita”, un aviso de lo que vendría en 1973. Una foto inmortalizó para siempre el momento: la sonrisa del poeta mientras Picasso lo besaba en la mejilla, con lágrimas, celebrando a su amigo sano y salvo. La libertad brillaba en los dos Pablos. El poeta era libre y se reía de sus cazadores. Pero claro, esto no puede contarlo El Mercurio.

Publicado en nuestra Angustia 22, Impulso 53

N. de la R. En el mes de noviembre de 2011, el juez Mario Carroza ha establecido en su investigación que la muerte del poeta en la Clínica Santa María el 23 de septiembre de 1973, no fue causada por el cáncer como estableció la historia oficial. Todo indica la intervención de terceros. Las diligencias del juez continúan y al cierre de esa nota, se interrogaba en San Antonio al chofer del poeta, cuya denuncia sobre un misterioso médico que administró una inyección en el estómago de Neruda – tras lo cual la salud del escritor se deterioró notablemente hasta matarlo –, sirvió para reabrir el caso y avanzar hacia la verdad histórica.

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