Ama sua, ama llulla, ama quella…

LITERATURA

Poco sabemos de Bolivia, de su historia, de su literatura. De pronto, el triunfo del “indio” Evo Morales Aima hizo que volviéramos la mirada a ese país que tiene mucho que compartir con el nuestro, no sólo los charangos. De pronto, Bolivia se puso de moda, como la “chompa” de Morales. Cada cierto tiempo, en ambos países resurge el tema de una salida soberana al mar. Y la respuesta no se deja esperar. Desde nuestro precario chauvinismo, volvemos a ningunear al país altiplánico. El problema es que nos negamos a conocer al otro, al diferente, en este caso, al hermano “pobre”. Pero, además, nos pesa un arribismo y un exitismo desmesurado, que lleva a creernos el cuento de que somos superiores al resto de América Latina, sobre todo de la América morena. Hace un tiempo estuve en Bolivia y pude darme cuenta de su riqueza multicultural, pero también de su tremenda y dolorosa desigualdad social.

El libro Tierra Mártir del escritor Néstor Taboada Terán (La Paz, 1929), Caballero de Honor de las Artes y Letras de Francia, candidato al Premio Cervantes y autor de más de 50 títulos, entre los que destacan Angelina Yupanqui, Manchay Puytu y El precio del estaño, fue escrito con la urgencia de los acontecimientos que se suscitaron tras el triunfo electoral de Evo Morales el 2005, con el 54 por ciento de los votos. Un libro escrito para que fuera divulgado por el continente con la finalidad de dar a conocer el drama boliviano, sobre todo, de su 60 por ciento de población indígena.

A medio camino entre el testimonio, la crónica periodística y el ensayo histórico, Taboada Terán nos revela ese verdadero Apartheid en que ha vivido la población originaria. Según el censo de 2001, el 62,2 por ciento de la población está constituida por aymaras, quechuas. moxeños, chipayas, muratos y guaraníes. El 27,8 por ciento son mestizos y sólo el 10 % blancos. Sin embargo, estos últimos son los únicos que se han beneficiado de las riquezas materiales del suelo boliviano. En nuestro vecino país, el 63 por ciento de la población -de 9,4 millones de personas- vive bajo el umbral de la pobreza y no tiene acceso seguro a los servicios básicos de salud, educación y vivienda. Es la herencia de un Estado colonial que la revolución pacífica de Evo Morales Aima se ha propuesto cambiar por medio de la refundación de una nación que desde sus inicios ha sido multicultural.

El autor de Tierra Mártir devela el profundo sentido segregacionista de la oligarquía boliviana. Este racismo endógeno ha calado hondo en la actual conformación de la sociedad altiplánica. Hace sólo 50 años, por ejemplo, los “indios” tenían prohibido por ley el derecho de caminar libremente en las aceras de la plaza Murillo, sede del gobierno. Taboada Terán también explica que los blancos bolivianos han tenido siempre un temor pánico a que los indios lean, escriban y hablen español. El idioma estaba prohibido para los indios, y si eran sorprendidos aprendiéndolo, los terratenientes, sobre todo de la zona del Chaco, les sacaban los ojos y les cortaban las manos. Y los gobiernos oligarcas por años prefirieron dar y mantener el voto de los analfabetos antes que acabar con la lacra del  analfabetismo.

Otro caso de desprecio hacia las culturas originarias, lo da el autor cuando nos cuenta la historia del general José Ballivián Segurola, Presidente en los primeros años de la República, quien en ningún momento dejó de usar uniforme de general inglés de guarnición en la India: casaca blanca con peto y vueltas coloradas, calzones amarillos y botas granaderas, sombrero verde bicornio con escarapelón y un gran plumero tricolor en la cabeza. El general quiso hacer del país la Prusia de América. Ofreció facilidades a inmigrantes europeos para reemplazar a los aborígenes, importó camellos para sustituir en el transporte a las llamas y tramitó en el Viejo Mundo un Emperador para Bolivia, en este caso Luis I y su esposa Januaria. Para Taboada Terán este fue el comienzo del Apartheid boliviano.

La cultura indígena, no sólo en Bolivia, sino que en toda América latina, ha sido segregada y sus tierras arrebatadas. Hasta el día de hoy, los indios que trabajan en las haciendas del Chaco reciben la denominación de pongos. Pongo es el nombre de un orangután que habita en las selvas y tiene características humanas, baila y hace morisquetas para distracción de sus dueños. Es esta historia de ignominia la que Evo Morales Aima y su gobierno quieren superar. Acabar con un Estado colonial, donde si bien el latifundio no existe en teoría, en la práctica hay 50 hectáreas para que paste una vaca, mientras familias de “indios” vagan de hacienda en hacienda en busca de un lugar para trabajar y vivir.

Tierra Mártir de Néstor Taboada Terán es una crónica histórica de una innegable autenticidad y actualidad. El autor ha propuesto varias veces que a Evo Morales se le conceda el Premio Nobel de la Paz, como un reconocimiento a la lucha de los pueblos indígenas de América latina. Según ambos, estos pueblos son la reserva moral de la humanidad. No por nada, el Presidente Evo Morales al asumir el mando planteó que Bolivia debía ser gobernada con la ley heredada de sus antepasados: El ama sua, ama llulla, ama quella (no robar, no mentir, ni ser flojo).

Tierra Mártir, Néstor Taboada Terán. La Paz, 2006, 106 págs.

evo cavila


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