Libre para regurgitar la intemperie
MÚSICA
De una sutileza violenta, cercana al desborde o al espasmo controlado de un cuento de J. G. Ballard, la presentación del tercer LP de Mostro (Libre para regurgitar la intemperie, QSC 2011) en formato vinilo, fue un acercamiento a los baldíos de un territorio en que los responsables, los hermanos Reinoso, justificaron fríamente su brillo.

Hay una trama en la composición que carece, debidamente, de una palabra. Teclado, batería y guitarra inundan el pequeño espacio en que nos encontramos. Los asistentes al encuentro pareciesen paladear una derrota, pero no. El margen es apertura, en este caso. La presentación es sobria, impecable. Los golpes son certeros, inimaginables. Hay un secreto ritual en todo esto, una desfachatez lúcida y arrogante. Se suceden estas canciones que son letras. Paradoja refinada como las vocales de Rimbaud, que son colores. Los alterados somos nosotros; el público que atento se pierde en estas melodías ajetreadas; en estos planos de secuencia magistralmente interrumpidos. En esta sala de conferencias (o lo que sea,) en la que nos encontramos, se advierte el aullido irreverente de una música que parece empapelarnos. Un sonido parecido a un retrato o a una fuga organizada por un par de desconocidos.
Fotografías de Scarlett Segura
Texto de Carlos Peirano






























