Puedo subir y cansarme
CRÓNICA
Tras los anchos baños boreales de la otrora primavera en demolición, busco las parras perdidas de un apocalipsis nocturno dominado por cuarzos y ruido de vidrios. Ruido de vidrios ay si, me tomo un vino pantanoso, agarro un angel del pescuezo y tuerzo el verso vigoroso.
Puedo subir y cansarme, en los escalones galácticos del puerto, en las quebradas siniestras del cerro panteón, dominado por cruces y voces del sol saliendo en los huesos del escrúpulo y los ataúdes en partitura sonido puerto oscuro.
Y ya los gritos de los feriantes son como aullidos de una musa verde que cuelga en lo alto de la catedral de pedro montt, y ya los paseos en lancha advierten sobre algún augurio quebradizo que pudo ser real, algo así como una ola viajando sobre pétalos vírgenes, algo así como unos muslos bien abiertos, a la espera del portador y la estaca.
Pero subo y vuelvo, porque siempre vuelvo, porque es bueno volver, regresar a los cuadros de playa ancha, a esos viejos y desgastados cuadros pintados con óleo corporal, y el olor, ese olor a vegetación húmeda, ese olor a playa torpederas que incita a la oscuridad de la visión esperpéntica.
Y entre subidas, olores, primores y vendettas, voy escuchando las melodias de mose noe, aquellas melodías que me tientan a coger un cuchillo y encrustarlo en mi corazón que late como caballo a la caza de aves, las melodías de mose noe que viajan sobre las olas y las crestas de las aves, porque mose noe es un viejo espíritu de otro místico que cruzó y pernoctó en la boca de un lobo aullando promesas sobre las campanas de esta ciudad, mientras un viejo afiche de frío intenso provoca la afinación de mis guitarras olbicuas y siniestras.

Sobre las campanas de esta ciudad señalo mi razón como un punto geográfico que huele a hierba seca, y desde este punto disparo pedazos de trueno, pedazos de montañas, pedazos de santísima trinidad, pedazos de lengua caliente.
Entonces subo y me canso, subo y me canso de subir, eternamente subiento, alcanzando la micro recorrido zeta para volver a subir y volver a bajar por supuesto, y volver a subir hacia alguna feria de antiguedades para volver a empezar, asi volviendo, subiendo, rezando y cantando di mis primeros pasos cuando fui niño de viento en los eternos laberintos de la aduana.
Por Felipe Ugalde


























