Estudio de una viga
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La gente muere de improviso. Por eso hay iglesias y gente que maquilla a los muertos. Por eso hay cementerios. Y deudos. Y herederos. Mucha gente está involucrada en esto. Por que todos, sin excepción, estamos destinados a morir.
No es tan triste, creo yo, la muerte. Es un poco como cuando en el invierno las veredas y los días se me alargan y se cruzan por la encrucijada.
Una estación es voluble por su permanencia. Las costras proporcionan una prioridad: la de andarse con “chicas”. Yo lamento mi infortunio, pero escribo.
Por Carlos Peirano































