Carlos Peirano recitando en la plaza Echaurren
Video y texto del poema “Contra la Patria”, recitado en el 16º Festival por la Desestigmatización de Barrio Puerto.
Contra la patria
He brindado en silencio, largamente, por el claustro de la instancia, del anhelo subyugado, de la desazón en permanente cambio. Me he falseado, por lo mismo, en las comisuras de esta tierra y en los valles que se tiñen con mi desparpajo. No he sabido apreciar la cordillera porque yo no canto, porque no logro divisarle ahogada en su prístina debacle. Soy un hombre, se dirá. Yo prefiero enmudecer ante tamaña infamia. Soy un cobarde, el desertor privilegiado. Otro más que cae bajo, que anula a su ser en el entramado castrador de las sociedades. Mis preguntas, brillos y deslices, siempre se vieron el ombligo que liquida y enaltece. Mis preguntas parecían respuestas tullidas, bromas algo burdas para un abandonado; mi silencio, una afrenta y una posición temible por lo imperecedera. Descubrí el mundo en su imposibilidad, en el crepúsculo distante, en el rocío arrebatador de las mañanas. Vi en él mi propia imagen corroída por el espasmo y su multitud de acres notas. Dije sí, por temor, con una impaciencia valorable. Dije sí, como la raíz de los árboles.
Criado entre bestias supe que mi sangre se esparciría por insospechadas latitudes. Supe también que la ilusión haría eco de mi destino, del marco que regula mis tendencias. Hubo un hombre, antaño, que calcó en su piel mis palabras, que imprimió poder a mis inspiraciones. Hubo un hombre retratado por mis manos que danzó una noche por el cuerpo de la noche y que cayó como una pieza de marfil entre mi abrazo. Él supuso lo que ahora otros suponen: mi voz, como una impostación, pretende fijar los ángulos. Soy un bello ejemplo de aquello que, perdido por el sentimiento, asume su margen. He debido, como ven, recurrir al lenguaje para plantarme frente a ustedes, para exaltar esta sarta de nimiedades.
Con la gloria el fracaso adquiere otras proporciones, difumina mi carácter, me premia con sus enfermedades. Yo he sabido sortear mis ansias, pararme con la justificación de las piernas maltrechas y he concebido, con el barro, una historia que la ciencia desconoce: me he paseado embadurnado con mis heces por palacios y distancias insalvables porque he bebido el licor de los antiguos.
Escucho, lejos, las consignas adoptadas por el nervio que sacude nuestros ideales. No hay planteamiento válido en esta hora lúgubre. Nuestras fundaciones son secreto a voces, son baldíos numerados, amplias extensiones recorridas por el territorio. El candado ceñido a la tierra baraja sus posibilidades, brinca tumefacto en el candor de su hierro, pulsa con su cerradura el brío nefasto de las naciones. Escucho el gemido irreverente que antecede a la traición. Solidarizo con la vergüenza. Busco el sentido de su expresión. Heme aquí, en la jaula del latido, en la pulcra y constelada periferia. Vean los surcos en mi rostro, la sangre en mis cortes, mi galopante indecisión. Traigan sus naves para desprestigiarme, el oro que corrompe y a las mujeres que me desmerecen. Hurguen en la herida, en el pasado, en mi voz destinada a apagarse.
Canten si pueden.
Canten las desdichas que otros arrastran como costras en el devenir de lo cotidiano. Carguen su culpa obedeciendo, fingiendo, dignificándome. Volvamos a ser individuos, cumbres, postraciones, púlpitos de lo desconocido para volver canción lo abyecto.


























