Una organización clandestina

De rebote llegó este correo con las instrucciones para armar un organización política clandestina, no jerarquizada cuyo objetivo sería la liberación individual y colectiva de los ciudadanos.

Mas allá en estar de acuerdo en algunos aspectos y en otros no, el parrafo destacado pone sobre la mesa y en la cara, ciertas verdades del mundo y la política actual, pero quizas es aún más, una bofetada a nuestra desidia y conciencia ciudadana.

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“La clandestinidad no responde aquí a un deseo de romanticismo, sino a la preocupación de evitar el elitismo. Al contrario de la organización pública, la organización clandestina no tiene que tomar posición, lo que evita definir a priori una ideología, una estrategia y unas tácticas. Así, los miembros de tal organización no buscan a ponerse de acuerdo con prisa, a conseguir una mayoría o un consenso, sino a influenciarse mutuamente, buscando el diálogo. Eso evita también tener voceros oficiales, frecuentemente identificados como “líderes”, lo que les permite así acrecentar su influencia, por no decir su dominancia.

La clandestinidad tiene, obviamente, otro ventaja, que es de garantizar la seguridad de la organización y de sus miembros. La liberación individual y colectiva no siendo del interés de todos, especialmente del estado, es preferible prever la represión antes de que llegue. Así que la organización no tendría nombre, y sus miembros usarían un seudónimo, así como un número vinculado a su antigüedad”

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